—¿Te atreves a discutir conmigo? —dijo Miguel fríamente, frunciendo el ceño con gran fuerza.
Luna lo contradijo indignada:
—Fuiste tú quien traicionaste lo dicho. Padre, ya soy mayor de edad y no quiero que siempre tomes decisiones por mí. No soy tu títere.
—¡¿Estás desafiando mi decisión?! —gritó Miguel, golpeando fuertemente la mesa—. ¡Te estoy manteniendo y te atreves a enfrentarte a mí! ¡No olvides que toda tu vida depende de mi dinero! Si tienes valor de desafiarme, ¡no uses ni un peso de m