Hoy no iba a ser un día tranquilo.
El helicóptero acababa de aterrizar y los dos estaba a punto de abordarlo. En lo más profundo de su corazón, Luna se sentía muy inquieta. Tenía la sensación de que ese día no sería tan fácil como pensaba. Eric empujó con firmeza la silla de ruedas de Gabriel, mientras Luna caminaba a su lado. Justo cuando estaban a punto de subir al avión, de repente, se escuchó una voz ronca por los altavoces:
—Disculpen, señores, todos los vuelos se retrasarán diez minutos.
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