En una sola frase, Andrés obligó a Luna a subir al auto sin darle opción alguna. Creían que su plan era perfecto y sin margen de error, pero Andrés lo había descubierto mucho antes. En ese momento, Luna no ofreció resistencia y se sentó en el auto sin luchar. Solo le suplicó amargamente:
—Andrés, te lo ruego, no le hagas daño… Fui yo quien decidió irme, esto no tiene nada que ver con él…
Andrés la apartó de un fuerte manotazo y de repente agarró su cuello. En sus ojos se reflejaba una emoción vi