—¡Suéltame! —Ada percibió el olor ajeno que emanaba de él, un aroma dulce y pegajoso a perfume, con fuertes marcas de labial en su cuello, evidencia de la intimidad con otras mujeres. No era difícil imaginar lo intensa que había sido su interacción.
Ada luchaba, su mirada hacia él era de un claro desagrado sin tapujos.
—¿Estás celosa?
Las uñas de Ada rasparon su rostro, dejando una capa de piel rota. Leonardo soltó un gemido de dolor, su expresión mostraba un abismo de sombra. Ada, llena de ira,