—José, tráela de regreso. —ordenó la voz en el auricular. José optó por permanecer impasible.
Luna: —Soy más valiosa que ella, soy la hija de Miguel. ¡No te atrevas a tocar a Nadia!
Las lágrimas cubrían completamente el rostro de Nadia mientras miraba con una expresión desgarradora.
—Luna... yo... no tengo miedo en absoluto, no te acerques.
—Eres tú. Ustedes están en esto juntos. —Pablo miraba a Luna con un odio palpable, de repente soltó una risa muy siniestra— ¡Qué difícil fue buscarte! Ven aq