Sin saber por qué, a Luna le intrigó saber su respuesta.
Andrés todavía seguía secando cuidadosamente su cabello en silencio. En la habitación reinaba un incómodo silencio. Luna tenía un cabello largo, denso y ligeramente ondulado que llegaba hasta la cintura. Era bastante difícil de secar y peinar. Cada vez que lo secaba, le llevaba más de una hora y, en la mayoría de las ocasiones, Luna lo dejaba a medio secar y se acostaba en la cama con una toalla en la cabeza.
Justo cuando Andrés dejó de se