—Mamá, ¿adónde vas? No me abandones… —exclamó Luna desesperadamente.
Andrés presenció toda la escena, como si estuviera viendo a una Luna completamente descontrolada emocionalmente.
La imponente figura del hombre se acercó lentamente y le dijo:
—¿Por qué estás de rodillas en el suelo? Ven, levántate.
—¿Por qué vienes? ¡Asustaste a mi mamá! —dijo Luna con un tono muy frío.
Andrés la levantó de un tirón:
—Mira a tu alrededor, aparte de nosotros dos, no hay nadie más en esta habitación.
—¡Estás min