—¿Y ahora ya te atreves a hacer eso? —dijo el hombre mientras se levantaba.
Luna apartó rápidamente la mirada, evitando ver aquella cosa grotesca que colgaba entre las piernas del hombre.
—Vístete y lárgate de aquí —ordenó ella.
Andrés recogió despreocupadamente la sábana del suelo y se la envolvió alrededor de la cintura, mostrando su cuerpo musculoso y contorneado. Silenciosamente salió de la habitación y se dirigió hacia la sala de estar.
Luna no esperaba que hoy actuara de manera tan obedien