—No quiero que te ocupes de mis asuntos en el futuro, tampoco necesitas fingir interés en mí.
La mirada de Andrés se posó fijamente en el cubo que contenía los pinceles de acuarela, donde también había un teléfono sumergido y una placa desmontada.
Se levantó de repente y fue hacia la cortina, la abrió de golpe dejando entrar la luz. Luna, quien no había visto la luz del sol en varios días, entrecerró los ojos ante la luz deslumbrante y le ordenó:
—¡Cierra las cortinas! —Su temperamento se había