—No, no… —gritó Isabel mientras luchaba desesperadamente.
—Cariño, no finjas inocencia de virgen. Ven a jugar conmigo un poco, te dejaré un recuerdo inolvidable para toda tu vida… —susurró Nacho en un tono lascivo.
—Andrés, Andrés, ¡sálvame! Andrés… —Isabella todavía intentaba.
Mientras luchaba, miraba a la persona riendo y charlando despreocupadamente en multitud en la sala. Parecía que él había escuchado su voz, sin embargo, alguien que se acercó en ese momento le bloqueó la vista.
Frida miró