Quince minutos después, Luna finalmente se fue, subiéndose al automóvil de la familia Sánchez. Encendió su teléfono y vio algunos mensajes de Gabriel, a los que Luna estaba a punto de responder.
Cuando de repente, sonó un teléfono. Luna, ansiosa, presionó el botón de respuesta:
—Padre.
Era Miguel quien la llamaba.
—He oído decir a Andrés que también recibiste la invitación para la fiesta en casa de los Ríos. —dijo la voz al otro lado del teléfono, tan serena como siempre. Con una sola frase, Lun