Gabriel llevaba una camisa gris, con chaleco por encima y sosteniendo una chaqueta en la mano. Su mirada mostraba fatiga, como si no hubiera descansado bien la noche anterior.
Al ver a Luna aún desayunando, Gabriel se sorprendió. Normalmente a esa hora ya se habría ido a la preparatoria.
Luna saludó a Gabriel:
—¡Buenos días!
Gabriel respondió:
—Buenos días. ¿Por qué aún no te has ido a la preparatoria?
Luna dijo con indiferencia:
—Olvidé cargar el teléfono, la alarma no sonó, así que me levanté