Con la puerta cerrada, Luna estaba dibujando en su habitación. Su padre no lo permitía, así que ella lo hacía a escondidas. Después de media hora de dibujo, escuchó un suave golpeteo en la puerta. Luna rápidamente guardó su cuaderno y se dirigió a abrir.
Al ver a la persona afuera, Luna frunció el ceño.
—¿Qué sucede?
Andrés: —Baja a comer.
Luna: —Vale, me cambio y bajo.
Cuando estaba a punto de cerrar la puerta, algo la detuvo. Luna vio un pie atrapado en la rendija de la puerta.
—Ahora. ¿Qué es