—¡Andrés!
Entre los dos reinaba un silencio incómodo, el cual fue roto al escuchar la voz de Isabel desde el pasillo. Pronto, su delicada figura apareció en la puerta.
Andrés preguntó fríamente:
—¿Qué pasa?
Isabel respondió:
—El tío Miguel te está esperando en el estudio.
—Ya lo sé.
Luna no pudo evitar decirse para sí misma que en esa ocasión Isabel era realmente su salvación.
Después de que Andrés e Isabel se marcharon, Luna cerró rápidamente la puerta de la habitación y la aseguró con llave.
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