Luna desvió al instante la mirada, evitando el contacto visual.
—Andrés, espero que puedas dejar esa arrogancia tuya. Tienes que saber que ¡sus vidas también tienen valor! De ahora en adelante, no te metas cuando la gente comente o incluso me insulte. Esto es un asunto mío. Y tú, solo necesitas ocuparte bien de tu trabajo. Puedo cuidar de mí misma y no necesito ni un solo peso tuyo —le dijo al hombre en un tono muy indiferente, luego apartó regreso su mano—. Regreso a la habitación. Desayuna tú