La sala de desfiles de Veloura brillaba con un resplandor casi celestial. Los techos se arqueaban como los cielos mismos, sus lámparas de araña doradas derramando luz como estrellas fundidas. Las sillas negras relucían en dos filas perfectas, enmarcando la plataforma blanca que se extendía como un camino sagrado hacia la gloria. Al final, dos cortinas de terciopelo azul medianoche protegían a las modelos, sus pliegues cargados de misterio.
Era el primer lanzamiento del año para Felicity Lourdes