Pasaron los días y Felipe vivió en carne propia el rechazo de su mujer. Vivían juntos pero, nunca la distancia entre ellos se había sentido tan insalvable. A pesar del trauma que le había provocado a su señora, Elena seguía siendo igual. Bueno con todos menos con él. Solo le hablaba cuando era extremadamente necesario y solo con monosílabos. En la última semana si había logrado que conversara con él media hora podía considerarse privilegiado.
Y como no podía hablar con ella abiertamente, se