—Sabes —dijo Elena mirándola de forma sospechosa—, me da la ligera sensación que me estás mintiendo. No te conozco de hace mucho pero no tienes razón alguna para apretarte las manos tan compulsivamente.
— ¡Joder! También lees a las personas. Pues sí. No tuve valor ni siquiera para llegar. A medio camino volví. Soy una cobarde ¿no es así?
—No. No lo eres. Hoy alcanzaste medio tramo. Quizás mañana, pasado o la semana que viene puedes recorrer la distancia completa. Pero deberías decírselo. Si es