El estudio de Lukas se sumergió en un tenso silencio. Katrine, con el corazón apretado en el pecho, sintió el peso de su confesión caer sobre ellos como una losa. Lukas, inmóvil, la miraba fijamente, intentando procesar lo que acababa de escuchar.
—¿Entonces quién? —inquirió él, con voz grave, pero sin el reproche que ella había temido.
—Es Sofie —murmuró Katrine, mientras sus ojos buscaban algo en los de él que la ayudara a sostenerse en medio de su vulnerabilidad—. Ella es quien tiene cáncer,