Mathias soltó un profundo suspiro, y recogió las cosas antes de conducir a los niños fuera de la sala. El aire del hospital se le hizo opresivo y espeso, pero no le importaba, en su mente solo había un pensamiento: Sofie.
En silencio, se encaminó hacia el coche, con Emma en brazos. Una vez allí, colocó a los niños metódicamente en el asiento trasero, mientras Lukas se subía en el asiento del copiloto.
—¿No nos vamos? —inquirió Lukas, frunciendo el ceño, al ver que Mathias se acomodaba el saco y