Luego del alta…
El reloj de Katrine marcaba las cuatro de la madrugada, aunque para ella el tiempo había dejado de existir. El mundo había perdido sentido para ella desde el día en que perdió a su hijo. Su habitación, antes cálida, ahora parecía un improvisado mausoleo. Las cortinas permanecían cerradas, día y noche. El aire era pesado y estancado. Sobre la mesita de noche, una urna pequeña guardaba las cenizas de su hijo.
En ese momento, Katrine se encontraba tumbada en la cama, mirando el tec