DEREK
Cuando terminamos de orar, comenzamos a comer. Al probar la comida, me sorprendió gratamente lo deliciosa que estaba. Observé de reojo a Milena, quien parecía disfrutar ver a los niños comer. En un momento, acarició la cabecita de mi hijo con ternura, pero él, de inmediato, movió la cabeza para evitarlo. Aun así, ella no se molestó, simplemente sonrió con paciencia.
A pesar de que era su primer día, tenía la sensación de que Milena sería una buena niñera. No podía dar un juicio definitiv