Cuando el omega se levantó de su asiento con una mueca fastidiada, el alfa ojicafé soltó un bufido, y volviendo su mirada hacia el precioso rostro de Jacob, sonrió por pura inercia. Un veloz beso estampándose contra la mejilla del más alto.
— Déjame preguntarte algo... — El enigma murmuró, pareciendo encantado. Cuando los orbes marrones estuvieron fijos en sus labios, sonrió— . La verdad es que me ha dado mucha curiosidad.
— Suéltalo.
— ¿Por qué Joel y tú fastidiaban tanto a Leonidas y Ryle?