Los nervios de Ryle se disparaban de una manera tremenda por cada una de sus venas. En su cabeza tan sólo se repetía una y otra vez la preciosa imagen de Leonidas tirado en el jardín, plantando flores para él, mientras que su cuerpo era bañado en sensaciones que durante el tiempo trascurrido, había extrañado bastante.
No recordaba con exactitud qué había dicho o hecho, tampoco se explicaba en qué momento llegaron a aquella circunstancia, pero de nada le servía pensar, porque los besos que el a