Jack apoya la frente en la pared fría y cierra los ojos. Pronto los de ella brillan en su mente. Las esmeraldas más hermosas que jamás había visto, brillantes e intensas, su rostro tan bello y sus cabellos desordenados sobre la cama de ambos, la sonrisa juvenil que le dedicaba a Jack cada mañana. Jack no puede perderla. Lis no puede dejarlo como lo hizo su pequeño bebé. La desesperación golpea tan fuerte a Jack que piensa que se desmayará. Mientras Luiza le habla, él permanece inmóvil como si n