Benicio se sentó junto a Jack, tomó su mano e intentó calmarlo, diciéndole que la añoranza sería eterna y que la presencia ya no podría sentirse, pero que los recuerdos de los buenos momentos vividos eran un gran consuelo que permanecería para siempre con él. El tiempo necesario para que todo ese dolor desapareciera aún era incierto. Jack cerró los ojos ante esas palabras y terminó quedándose dormido allí. Estaba en un estado de conmoción total, sin capacidad de reaccionar; su mente sufría apag