Lis, ya cansada de toda la tensión, se levantó de donde estaba, sintiendo un nudo en la garganta y el peso de las palabras de Beatriz. Estaba completamente agotada de esa batalla entre los dos. Ya había sufrido demasiado como para verse obligada a tomar otra decisión. Lo que más deseaba, por encima de todo, era encontrar paz. Los miró a ambos, y su voz salió cargada de emoción, pero con firmeza.
—¡Por el amor de Dios, ¿pueden parar los dos? ¡Esto ya se está volviendo insoportable! La que tiene