Liz se despierta sobresaltada al escuchar el despertador. La mañana aún está tímida, y la escasa luz que se cuela por las rendijas de la cortina apenas ilumina el día. Levantándose de la cama con un toque de desorientación, se acerca a la ventana para observar el amanecer. Tras un bostezo, intentando alejar el sueño, regresa a la cama, considerando la posibilidad de ganar diez minutos más de sueño. Sin embargo, el recuerdo de las palabras de Jack sobre la puntualidad de su madre la impulsa a le