—¡Así no vale! Pensé que te iba a sorprender —dice ella, sonriendo—. ¿Cómo me oíste?
—Con este silencio, solo el sonido de las olas chocando contra las rocas, claro que te iba a escuchar, por muy sigilosa que intentaras ser. Además, sentí tu presencia, por eso miré atrás tan rápido. ¿Tienes hambre? Siéntate, voy a buscar algo para que comas. —Se levanta y va hacia la nevera.
—Tranquilo, comeré algo de fruta, me vendrá bien —responde Liz—. Quiero mantenerme saludable. Además, pronto nos iremos a