La cena había concluido, pero las miradas inquisitivas seguían pesando sobre mí mientras nos despedíamos en la puerta. La señora Demet me dio un abrazo breve y calculado, lo suficiente para ser cordial, pero no lo bastante como para transmitir calidez.
—Confío en que cuidarás bien de Azad y de Dimitri —dijo, su tono más un recordatorio que un deseo.
Asentí, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. Dimitri tomó mi mano con un gesto protector, y mientras descendíamos las escaleras de piedra h