Habían sido días difíciles después del sepelio de los padres de Azad. Aunque su ánimo no era el mejor, trataba de buscar la manera de sacarle una sonrisa y hacerlo sentir un poco mejor cada día.
Tras un día largo, finalmente se ha dormido y yace plácidamente en su cama. Yo regreso a la sala para recoger los juguetes que el pequeño había dejado esparcidos.
Observo al señor Yilmaz, quien luce pensativo y bastante nervioso, algo poco común en él.
—¿Está todo bien, señor Yilmaz? —le pregunto, aun s