A la mañana siguiente, el sol apenas comenzaba a filtrarse por las ventanas de mi despacho, pero yo ya estaba en la oficina. La noche había sido interminable. Entre llamadas a mi abogado y a mi equipo de relaciones públicas, había diseñado un plan para enfrentar esta situación. Sabía que el primer paso era encontrar a Luisa. Necesitaba respuestas, y las necesitaba ahora.
Cuando la puerta se abrió, Luisa entró con una expresión de falsa tranquilidad. Estaba impecable como siempre, con su vestido