Cuando Dimitri tomó mi mano frente a todos esos periodistas, sentí que mi mundo daba un giro inesperado. Su tacto era cálido, firme, y por un momento, olvidé dónde estábamos. Su disculpa pública, la forma en que me miró... Era como si todo lo que había reprimido durante semanas saliera a la superficie de golpe.
Y luego, me besó.
No fue un beso apresurado ni calculado. Fue un beso sincero, lleno de emociones que no había visto venir. Me quedé sin aire, no solo por la intensidad, sino por lo que