El día del juicio había llegado. Me levanté temprano esa mañana, con el corazón latiendo con fuerza en mi pecho. Miré a Azad mientras dormía tranquilamente en su cama, ajeno al huracán que estaba a punto de desatarse. Me acerqué a él y dejé un beso suave en su frente.
—Todo estará bien, tiburoncín —susurré, como si mis palabras pudieran protegerlo de todo el dolor que otros habían causado.
Me preparé con cuidado, eligiendo un atuendo sobrio y elegante. Dimitri estaba listo en el salón, esperánd