Esa noche, después de acostar a Azad, encontré a Kate en la terraza. La brisa fresca de la noche jugaba con su cabello mientras ella miraba las luces de la ciudad desde lo alto. Me apoyé en el marco de la puerta por un momento, observándola. Había algo en ella, una fuerza tranquila que me atraía cada vez más.
—¿Puedo acompañarte? —pregunté.
Ella giró la cabeza hacia mí, con una pequeña sonrisa.
—Claro.
Tomé asiento junto a ella, dejando que el silencio nos envolviera por un momento. Había apren