La mañana siguiente llegó demasiado rápido, trayendo consigo un aire gélido y una sensación de irrealidad que no podía sacudirme. Mientras me vestía, mi mente seguía atrapada en un torbellino de pensamientos.
¿Casarme con Dimitri?
Lo había aceptado por Azad, por su bienestar, pero no podía ignorar la mezcla inquietante de emociones en mi interior. No era solo nerviosismo, ni tampoco una emoción positiva. Era algo intermedio, desconocido, como un vacío que amenazaba con devorarme.
El vestido que