POV Elías
Las cuatro y doce de la madrugada.
El silencio en el dormitorio es absoluto, denso, de esa calidad especial que solo se consigue con ventanas de triple acristalamiento y cámaras de gas argón. Fuera, Madrid podría estar ardiendo, pero aquí dentro solo existe el ritmo de tres respiraciones.
La de Leo, rápida y ligera, desde el nido de colecho.
La mía, contenida y excesivamente consciente.
Y la de Mara.
Mara duerme a mi lado. O eso creía.
La barrera de almohadas sigue ahí, esa ridícula "