Observando a Julieta al otro lado de la mesa redonda, Pedro se quedó momentáneamente atónito.
Su rostro se llenó de una expresión de asombro.
Simplemente no podía creer que la persona que había drogado fuera Julieta.
—¿Eres tú? ¿Cómo puedes ser tú? —Rodolfo abrió los ojos de par en par, con una mezcla de sorpresa, desconcierto, incomprensión y, sobre todo, ira.
Nunca imaginó que Julieta, quien había recibido todo tipo de atenciones por parte de Pedro, resultaría ser una traidora.
—Lo siento... l