—Tío, ¿quién es ese Sergio del que acabas de hablar? —Violeta, observando el coche que se alejaba, no pudo evitar preguntar con curiosidad.
—Solo un tonto, no hay que prestarle atención —respondió Pedro sin pensarlo.
El rabillo del ojo de Violeta se contrajo.
En su corazón, guardó tres segundos de silencio por este tal Sergio.
Sin saber nada, había sido arrastrado para ser el chivo expiatorio.
Después de regresar a La Banda del Dragón Rojo, Fernando se despidió y se fue.
Pedro, después de guarda