Ese gesto provocador hizo que el rostro de Gregorio se ensombreciera involuntariamente, sintiéndose menospreciado.
—¡Gregorio! No te contengas, golpéalo con fuerza! —dijo Janeth con voz fría.
—¡Muchacho! Verás cómo te humillo.
Gregorio empujó con sus piernas y de repente se lanzó hacia adelante.
Al acercarse, torció su cuerpo y sus palmas se convirtieron en una sombra, golpeando violentamente la mandíbula de Pedro.
Este movimiento podía ser defensivo u ofensivo, avanzar o retroceder.
Los movimie