—¡Terminamos! ¡Fin del trabajo! —Tras tumbar a todos, Violeta apoyó el bate en su hombro, caminando con arrogancia frente a Pedro, sonriendo con aire de triunfo—. Tío, ¿qué tal? Soy increíble, ¿no?
—No está mal, tu fuerza ha mejorado mucho comparado con hace unos días —Pedro asintió satisfecho.
No se puede negar que el talento de Violeta para el arte marcial místico es tremendamente aterrador.
Un día de entrenamiento equivale casi a un año de un guerrero común.
Especialmente después de sus conse