Cuando Mariano cayó al suelo, el lugar se sumió de repente en un silencio sepulcral. Los sonidos de felicitaciones, risas y alabanzas cesaron abruptamente. La multitud se miraba desconcertada, con rostros llenos de asombro, sin reaccionar por un momento. ¿Qué estaba pasando? ¿No había ganado Mariano? ¿Cómo podía estar tan gravemente herido y escupiendo sangre? ¿Acaso fue solo una victoria pírrica?
Mientras todos estaban confundidos, una silueta blanca emergió lentamente del foso de escombros del