—Creo que ha habido un malentendido —dijo Rómulo con tono indiferente—. Lo que dije es que Pedro tenía un noventa por ciento de posibilidades de ganar, y tu hijo solo un diez.
—¡¿Qué?!
Al oír esto, Enrico se quedó petrificado.
Resultó ser todo un malentendido por su parte.
Pero no podía entender, o más bien aceptar, ¿cómo un desconocido, un nadie, podría derrotar a su hijo, un talento único?
—Enrico, acepto tu estilo de esgrima con gusto —interrumpió Valentín de repente.
El rabillo del ojo de En