Después de que Raquel y su comitiva se marcharan, la familia García seguía teniendo la sensación de estar en un sueño. Les resultaba inimaginable que la altiva Señorita Raquel, después de ser golpeada, no solo no buscara problemas, sino que incluso bajara su orgullo para disculparse con ellos personalmente.
—¡Es incomprensible!
—¿Qué le pasa hoy a la familia Díaz? ¿Por qué se comportan de forma tan humilde?
—¡Exacto! Si no me hubiera pellizcado, habría pensado que estaba soñando.
—¿Será que la S