—¿¡Qué!?
Al ver a toda la familia Díaz de rodillas, Andrés y los demás quedaron petrificados.
Sus ojos se agrandaron y sus rostros reflejaban incredulidad.
Nunca habían imaginado que la siempre altiva familia Díaz se arrodillaría ante ellos.
¿Desde cuándo estos magnates, que siempre caminan con aire de superioridad, habían mostrado tal humildad?
¿Qué les había pasado?
¿Habían tomado alguna poción errónea?
—¿Qué está pasando? ¿No vinieron los Díaz para vengarse? ¿Por qué se arrodill