El cielo, de alguna forma, comenzó a llorar lluvia.
En ese momento, el salón de banquetes del Hotel Imperial estaba todavía lleno de un ambiente efervescente.
El pequeño incidente anterior claramente no había afectado la celebración.
Raquel, como una princesa distinguida, estaba rodeada de personas que la adulaban y halagaban de diversas formas.
Sin embargo, la mayoría de ellos no capturaban su interés.
Solo unos pocos invitados selectos tenían el privilegio de conversar con ella.
—Señorita,