—¡Perra asquerosa! ¿Te atreves a seducir a mi hombre? ¡Haré que desees no haber nacido!
Raquel no dejaba de llenar su copa, humillando a Leticia descaradamente frente a todos.
Sus movimientos eran brutales, sin un ápice de piedad.
Al terminar una botella, Leticia ya estaba desplomada en el suelo, en un estado lamentable.
Sin embargo, Raquel no paró. Agarró a Leticia por el cabello y la levantó de un tirón.
Luego, una bofetada tras otra, aterrizó con fuerza en su rostro.
—¡Zorra! ¿Te atreves a to