—Si yo no vuelvo, estarán en peligro.
Pedro hizo chasquear los dedos y lanzó otra aguja de plata.
Héctor, que estaba luchando hasta hace un momento, quedó completamente paralizado, sin poder moverse ni un ápice.
—Hermanito, gracias a Dios intervienes a tiempo, ¿no sabes de medicina? ¡Por favor, ayuda a mi esposo!—Angela suplicó.
—Lo siento, mi conocimiento es limitado, no soy como el Sr. Michio, mejor búscalo a él para que lo trate —dijo Pedro con indiferencia.
—¿Sr. Michio?
Angela miró hacia el