Isabel se sentó en el sofá, como una reina. Y Delicia se sentó al lado.
Pensó que podría mandar a Delicia como antes, pero Delicia estaba sentado en el sofá con Ana sin hacerle ningún caso.
—María, un café.
—Sí, señora. —María se congeló por un momento, porque en el pasado, siempre se lo mandó a Delicia.
Además, si alguien la ayudó, Isabel iba a ser furiosa.
Así que todos se lo dejaron a Delicia.
Pero se cambió.
Delicia se sentó en el sofá como una señorita noble, abrazando tranquilamente