En una ocasión inusual, las dos personas que solían estar siempre en tensión, esta vez estaban disfrutando de una agradable charla y compartiendo la misma opinión.
María se acercó, y con respeto le dijo a Isabel:
—Señora, todo está listo en la cocina, ¿empezamos a comer?
—Claro, vamos a comer. —respondió Isabel, mostrando un raro buen humor.
Luego se giró hacia él y dijo:
—Roberto, quédate a comer algo sencillo con nosotros.
—No es necesario.
—Claro que sí, claro que sí. —Carmen Jiménez bajaba